Cuando se Sol entra por la c Re7 asa de la abu Sol ela
hay una m Do agia que te envuelve de cariño
hay unos b Re7 esos que emborrachan de tern Sol ura
Mi7 a cualquier n Lam iño, Re7 a cualquier n Sol iño.
Con ese olor a pucher Re7 ito y hierbab Sol uena
que te trasl Do adan hasta el mismo paraíso
y sus rem Re7 edios más caseros que sup Sol eran
Mi7 cualquier hech Lam izo, Re7 cualquier hech Sol izo.
Y esos tes Mim oros
en cajas de latas con los ovillos que allí guard Sim aba,
su reloj de péndulo en la pared que te hipnotiz Do aba
y aquellos veinte duros de contrab Si7 ando
que t Do e daba tu abu Re7 ela disimul Sol ando.
Y cuando se vu Re7 elve otra v Sol ez a ese n Re7 ido de am Sol or
y ves que tu abuela se fue pa´ siempre
ya que el reloj se quedó sin cuerda.
Su r Re7 opa se encuentra colgá y su aroma inmortal
te hace record Do ar lo feliz que fu Re7 iste en ca´labu Sol ela Sol7 .
Y esos tes Do oros de aquellas cajas
se fueron con su alma y se llen Re7 aron de su aus Sol encia.
Esas paredes guardan los restos de
la infancia de tus p Mi7 adres y el principio de la nu Lam estra.
Y aunque s Do é que en mi memoria sigue viva
y me protege desde el ci Re7 elo.
Hoy se me encoge el coraz Do ón porque ya en esa casa no
Huele a puchero po po po pó
Huele a puch Do ero
Re7 Huele a puch Sol ero